martes, 14 de septiembre de 2010

Crisis

No hay mal que por bien no venga. Tras el crack del '29 se promovió una reforma laboral en los EEUU con la cual, mediante la reducción de la jornada laboral se dio trabajo a miles de desempleados, comenzando a formarse los primeros estados del bienestar. Las reformas también llegaron al bloque comunista tras las grandes guerras del siglo XX, aunque esta vez con peor resultado. Lo que esta claro es que las crisis siempre generan cambios y los países y políticas que las protagonizan son también los personajes escogidos a adecuarlos para que el mundo tome una nueva forma mejor que la anterior. El problema está en que, hasta ahora, casi siempre se ha optado por la más fácil y cómoda decisión, por supuesto contraria a los intereses de las clases desfavorecidas. De forma que el rico siempre será mas rico, y el pobre será aun mas pobre. El sistema se reajusta pero por dentro se pudre. Hablando en plata, estamos sangrando día a día para que nos dejen con el culo al aire. Y hora nos encontramos con la dificultad de que posiblemente, las fábricas y productoras no puedan acoger a la gran masa de parados/as ni de que el gobierno genere un estímulo económico suficiente para bombear el déficit público. ¿Será el pueblo capaz de orientarse a una nueva recuperación social y económica? Está claro que las huellas que se dejen ahora serán los pasos que marcarán y guiarán el camino hacia un nuevo orden mundial en el futuro. El problema reside en el adormecimiento de la clase trabajadora. En nuestras manos está elegir qué hacer, cómo y el momento adecuado para que los errores que se cometieron en el pasado no se repitan ahora, intentando aprovechar este punto de no retorno para cambiar las acciones y que el futuro sea más estable y feliz, con una política socialista eficaz que otorgue el poder a las clases más desfavorecidas. ¿Qué queremos? Eso nos debemos preguntar todos: ¿un cambio previsible que no arregle nada, o una nueva visión del mundo?


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